EL CAMINO DE ESPERAUTA
La llegada de los musulmanes en el 711, no parece haber dejado demasiadas huellas en la parte norte de Galicia, aunque si observamos con detenimiento la historia, podemos observar como la huella bereber si se mantuvo cierto tiempo en esas tierras. Después de asolar Lugo, avanzaron hacia Asturias destruyendo a su paso la sede Britoniense. Lo que hicieron los primeros monarcas asturianos fue proteger ese flanco occidental, sometiendo a los habitantes y pactando el vasallaje de los grandes señores, propietarios de los terrenos del noroeste galaico.
La conexión con la via Astúrica Augusta y Lucus Augusti, fueron de vital importancia para la expansión por parte de los reyes de la reconquista. Al cambiar la sede de Cangas de Onis a Pravia, lo que se logró fue mover el eje de reconquista y controlar el flanco por donde las incursiones musulmanas se sucedían descontroladamente, además de afianzar territorialmente un espacio, el galaico, que tomaría vital importancia en la creación del camino de Santiago.
Ese control del espacio occidental favoreció la entrada de las ordenes religiosas, como la de San Fructuoso, muy activas ya en la zona berciana y en los ancares, debido a que su padre era un Dux exércitus hispaniae, es decir, con gobierno en Braga y Asturica Augusta y donde Fructuoso, ejercía de fiscalizador de las posesiones bercianas.
Los monarcas tomarían como parte fundamental de control territorial, el asentamiento de monasterios, centralizando los oratorios y cenobios, muy abundantes en esa época, pero de ninguna orden adscrita. La zona entre el Eo y el Masma corresponde a un espacio territorial, en donde el monarca Silo, cuidó seguir con la estructura abad-bretona como diócesis, donando los terrenos a un abad llamado Sperauta, el cual, cabe suponer, que tenía más monasterios adscritos a la orden Fructosiana, en la comarca de Triacastela y en los Ancares bercianos, pertenecientes a la diócesis de Astúrica Augusta.
Las crónicas posteriores nos cuentan, que pertenecieron a la diócesis de León, tanto las iglesias entre el Eo y el Masma, como las de Triacastela.
Las sucesivas conquistas de tierras por parte del monarca Silo por las tierras lucenses, facultaría la entrada de esta orden y de los abades adscritos a ella.

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