LA IRRUPCIÓN BEREBER.
La cultura de Silo.
La invasión de los musulmanes en la península se produjo de dos maneras. Por las armas, una vez vencida una plaza se firmaba capitulación. La población no podría abandonar la ciudad y perdían sus bienes, que pasaban a ser parte del botín y entraban en servidumbre. Por pactos en donde las ciudades conservaron así sus leyes, su organización política, su religión y eran sometidas al pago de impuestos que la ley musulmana imponía a los no musulmanes o bien con particulares, de los que conocemos casos como el de Teodemiro que siendo un funcionario visigodo, gobernaba una amplia zona de Murcia y Alicante.
Teodemiro conservó sus riquezas, su poder y sus posesiones que eran hereditarias, pasando a su hijo Atanagildo. A cambio, tenía un vínculo de fidelidad personal con los árabes. Caso similar sería con los sucesores de Witiza, que según la Crónica Mozárabe, fue en el s. VIII la máxima autoridad reconocida por los árabes sobre la población cristiana y que ostentaba la dignidad de comes de Al-Andalus y príncipe de los españoles sometidos y era el encargado de recoger la tributación territorial. Los particulares conservarían sus bienes patrimoniales, y sólo se confiscarían los bienes de los muertos, los huidos y de la Iglesia.
Así, la mayor parte del territorio permaneció en manos de los indígenas, pues la mayoría de la nobleza pactó con los musulmanes, quienes, prefirieron proteger sus dominios a costa de perder cierta independencia. (Eje. La familia de los Banu Quasi en el Valle del Ebro). Esto explica la rápida asimilación de las formas de vida musulmanas entre la población hispanovisigoda.

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