LOS BRITONES BRETONES Y EL MONASTERIO MÁXIMO QUE FUE ESPERAUTANO, MINDUNIENSE Y DUMIENSE.

Acuarela/ papel.

         Dice el Padre Flórez (1764: 10): "Sábese por Escrituras de León que desde el Rey D. Ordoño I fueron de la Santa Iglesia de León las que habia entre Euve y Masma (...). Sábese que entre ellas una era la de S. Martin de Sperautani; otra S. Pedro de Alanti; y otra S. María de Tabúlala: y nombramos solo estas, por quanto las mismas voces se hallan en la primera Escritura de D. Silo: lo que prueba que el Monasterio de Sperautano y sus términos caian entre el Eu y Masma: pues aqui los refieren las Escrituras de León".

        Diversos documentos avalan la pertenencia a la diócesis de León de estos territorios e iglesias, por privilegio de los reyes Ordoño I, Alfonso III, Ordoño II, Ramiro II y Ordoño III. Entre ellos, una carta mediante la cual estas iglesias son encomendadas a Betotti por Mauro, obispo de León, según le había concedido Alfonso III.

        En tiempos de Ordoño III "este Monasterio llegó a incorporarse con el de Lorenzana, por donación hecha al Santo Conde Osorio (fundador de Lorenzana), a quien D. Ordoño (el Malo) concedió los Monasterios que habían sido del Monge Fonso, cuando murió de repente. Entre los cuales el primero se nombra el de S. Martin de Esperotano, el de S. Esteban Rippa Masmae y el de S. Juan in Vallebria, conforme los tuvo Sperata (o Espearuta, que en algunos casos  decian Sperautane)" (FLÓREZ 1764: 10-11, según documento del año 958, conservado en el Monasterio de Lorenzana y reproducido por él en págs. 310-311, ap. III)

El obispo Mauro de León (sucesor del obispo Fruminio de león) da a Betotti en encomienda las iglesias que le habían sido concedidas por Alfonso III, a la muerte de su antecesor Frunimio, entre los ríos Eo y Masma. Al mismo tiempo le encarga que compruebe los derechos que pudieran corresponderle a la sede de León en el obispado de Tuy y en toda Galicia.

Estudiemos más de cerca a los monarcas de ese tiempo:

Ordoño II: Del primer matrimonio con Elvira Menéndez (892), Ordoño II tuvo cinco hijos: Sancho, que reinaría en Galicia (926-9), Alfonso, que posteriormente llegaría a ser Rey de Léon (925-31),     Ramiro, que posteriormente llegaría a ser Rey de León (931-51), García, Sancho y  Jimena. Su segunda esposa fue Aragonta Gutiérrez (922), hija de Gutierre Osorio y Elvira Gatónez (biznieta del rey Ramiro I de Asturias), con quien no tuvo descendencia. Su tercera y última esposa, desde 923 hasta su muerte, fue Sancha, hija del rey navarro Sancho Garcés I, con quien tampoco tuvo sucesión.

Ordoño III. ?, c. 926 – Zamora, 956. Rey de León. Ordoño III nació de la unión del leonés Ramiro II y la dama gallega Adosinda Gutiérrez, hija de los condes Gutierre Osóriz e Ildonza Menéndez. Sus primeros años de vida transcurrieron en las tierras portuguesas cercanas a Coímbra y Viseo sobre las que ejerció su gobierno su progenitor, después del reparto realizado por este y sus hermanos a la muerte de Ordoño II. Su vinculación con las estirpes gallegas y portuguesas, además de su propia presencia en los espacios fronterizos desde la infancia, le permitieron servirse de estos conocimientos y alianzas personales a lo largo de su reinado. Contrajo matrimonio​ con Urraca Fernández y tuvo dos hijos: Bermudo II, rey de León y     Gonzalo.

        Urraca Fernández (hija de Fernán González) se casó en tres ocasiones, por ello fue reina de León por dos veces (con Ordoño III y con Ordoño IV, llamado el Malo; y también fue reina de Pamplona por su matrimonio con Sancho Garcés II. Del primer matrimonio nació un hijo Bermudo II, que sería llamado el Gotoso, padre de Alfonso V, el de los buenos Fueros.

Ordoño IV. (El Malo) 926 – Córdoba, 962. Rey de León. Las fuentes, tanto musulmanas como cristianas, ofrecen una crítica muy dura de este personaje: vil, perverso, odioso a Dios y los hombres. Unos epítetos que permiten claramente comprender el mote que los cordobeses le impusieron: Al-Jabit, un término que indica una depravación moral. A la muerte de su madre, Ónega Sánchez, su padre prefirió abdicar, una circunstancia que le apartó de la Corte y relegó sus derechos, especialmente cuando, después de intentar recuperar el Trono, Alfonso IV fue cegado y confinado al Monasterio de Ruiforco de Torío (León). A partir del año 935 su nombre comenzó a aparecer en los escatocolos documentales de aquellos diplomas vinculados a la estirpe regia y a la familia de san Rosendo, a la que se encontraba vinculada su abuela paterna la gallega Elvira Menéndez, unos hechos que permiten considerar que parte de su infancia y juventud transcurrió en Galicia.

En los inicios del 958, numerosos nobles, especialmente los gallegos, a los que se sumó el conde de Castilla y el obispo de León, consideraban que Sancho I debía ser expulsado del solio y reemplazado en el mismo por el joven Ordoño Alfonso. A comienzos de marzo, en la Catedral de Compostela, el príncipe hijo de Alfonso IV fue coronado, en presencia de sus principales apoyos, los ya referidos magnates adversos a la causa de Sancho. Se trataba de una rebelión en toda regla a la que pronto se sumaron los descontentos leoneses que, después de “una habilidosa conjuración del ejército”, según el cronista Sampiro, consiguieron que Sancho I abandonase la capital y buscara refugio en Navarra. Esta oposición al Monarca no suponía, sin embargo, una favorable acogida de la causa de Ordoño, pues la ciudad y el Castro del Rey (Puente Castro, León) se negaron a ofrecer su lealtad al nuevo Soberano. El asedio fue prolongado y durísimo y solo la llegada del conde alavés Froila Vela, que llegó al frente de tropas musulmanas a comienzos del verano del 958, permitió un cierto respiro. Demasiado breve, pues en el mes de agosto la capital y el Castro del Rey, defendido este último por los cordobeses, cayeron en poder de Ordoño IV. Unos acontecimientos que aparecen recogidos en un diploma que relata aquellos sucesos que concluyeron con la entrada en León del nuevo Soberano, el 3 de agosto:

“Ingressum regis in Legione domni Ordonii serenísimo principi prolis Adefonsi, et fuit ingressio regis in urbe regia postquam fugavit illos mauros qui venerant cum Froila Vigilan ad regiam pennam, videlicet IIIª feria post kalendas agusti”.

Los primeros actos de gobierno de Ordoño se centraron en premiar con donaciones a sus partidarios más significados, como su pariente, el conde Osorio Gutiérrez, el obispo de Compostela Sisnando y otros. En un diploma leonés que lleva por fecha el 11 de noviembre del 958 aparece el príncipe junto a su esposa, Urraca, (hija del conde Fernando González), mujer repudiada por Ordoño III, y cuyo enlace sin duda fue parte del pago de la Corona a los favores prestados por el magnate castellano en la rebelión que le catapultó hasta el Trono. Pero mientras Ordoño trataba de agradecer a sus partidarios su apoyo, el desposeído Sancho I, ahora en Córdoba, negociaba con el Califa un acuerdo que le permitiera regresar a comienzos de marzo del 959. Su presencia en Zamora, al frente de un ejército, fue argumento suficiente para que Ordoño prefiriera abandonar León antes que plantar cara a su adversario y por eso buscó refugio seguro en Asturias junto a su esposa y sus dos hijos. Como “rey en Oviedo” aparece en algunos diplomas y en el célebre colofón de la Biblia visigótico-mozárabe del 960 de San Isidoro de León.

Pero viajemos al pasado para entender mejor todo lo expuesto.

La diócesis de Bretoña: El territorio de la antigua diócesis de los bretones Britonia ocupó principalmente la franja costera de la Mariña de Lugo hasta la comarca de la Terra Chá, llegando su influencia hasta las costas de la comarca del Eo-Navia por el este, y de Ferrol por el oeste. Su antigua sede, conocida con el nombre de Monasterio Máximo fue identificado por algunos autores como Díaz y Díaz con la basílica medieval de San Martín de Mondoñedo, donde se encuentran restos de los siglos V-VI d.C. Cambiando de sede y nombre en varias ocasiones, la actual diócesis gallega de Mondoñedo es su sucesora histórica.

Según afirma Simon Young sobre Britonia: Camiños novos, los celtas-británicos que se mencionan en el continente en los siglos V y VI son frecuentemente soldados. Estos monjes celta-britones e irlandeses, misioneros del mar, cuya vocación misionera está bien acreditada, se establecieron en un monasterio, situado sin duda, como señalan prestigiosos autores, en el castro de Mindonio o Mindunieto , el actual San Martín, que así se llama desde que allí llegaran los monjes dumienses en el siglo VIII. Un monasterio que aparece ya citado en el concilio de Lugo del año 569 con el nombre de Monasterium Maximi (Monasterio de Máximo), probablemente llamado de este modo, en honor al emperador Máximo. Este fue, sin duda, el origen del monasterio medieval, convertido en residencia de la sede de los britones, que aparece documentado más tarde en San Martín antes del siglo XII.

El asentamiento de esta oleada de emigrantes bretones y la creación de una diócesis religiosa propia supone el segundo mayor asentamiento de un pueblo extranjero en tierras gallegas, después de los suevos.

La antigua Diócesis de Britonia, esa que iba, desde Ortigueira hasta Navia, cuya presencia, es más que probable, a finales del siglo IV, cuando en el Concilio de Toledo, contra el Priscilianismo, muy extendido por Galicia, el Obispo de Britonia, tiene que defenderse, de las acusaciones de pertenecer y practicar la herejía del Obispo ajusticiado en Tréveris. (Los primeros monasterios, y probablemente las primeras comunidades religiosas se organizaron alrededor de pequeños eremitorios. Sería con San Fructuoso, a mediados del s. VII, cuando se regularon las pequeñas comunidades a través de la Regula Monachorum. Antiguos eremitorios podrían haber sido en Alfoz el Mosteiro de Santa María de Bacoi.

En Baleira el Mosteiro de San Pedro da Esperela.

En a Pastoriza la Iglesia de Bretoña, un templo situado sobre un antiguo castro (en las proximidades se encontró un pendiente de oro, al parecer prerromano) y sobre los restos del lugar, una primitiva basílica monacal de origen suevo-visigótica, que se dice fue de la diócesis de Britonia, fundada por los bretones que llegaron a las costas de Lugo en el s. V. Según el libro la Historia Eclesiástica de España, se conoce la existencia de uno de los monjes ermitas de Britonia fue priscilianista. El escritor e historiador López Ferreiro (canónigo del cabildo compostelano) escribió que de Britonia era un monje llamado Requiario, que a finales del s. IV o a principios del V escribió el opúsculo De Fide, considerándose por mucho tiempo a Requiario, como el origen de la iglesia), M. Carriedo Tejedo, ponen también en duda la existencia de una sede episcopal llamada “Britonia”. En su elaborado trabajo Locus Sancti Martini (ss. VIII – XII) afirma: “Bajo nuestro punto de vista nunca hubo una sede episcopal llamada “Britonia” (nada dicen sobre ella las fuentes que sólo constatan el histórico gentilicio), y con el nombre de “Máximo” creemos que se estaba señalando simplemente al monasterio principal donde el obispo-abad tenía su silla, esto es, a la sede Britoniorum, epicentro de todas las ecclesias que sunt into Britones”. La misma opinión comparte  José Mª Andrade Cernadas en su reciente artículo Sobre los orígenes de la sede mindoniense.

En Barreiros el eremitorio de Santo Estevo do Ermo y San Esteban de Paga (En cuanto a la antigüedad de la ermita de Santo estebo de Paga no sería aventurado afirmar que, a juzgar por la fecha del documento más antiguo que la menciona, corre paralela en antigüedad con su vecina de San Esteban de Aguas Santas, de cuya antigüedad ofrece testimonio un documento del año 951, correspondiente a la donación de varios bienes hecha por el rey Ordoño III a su tío el Conde Santo, entre los que se incluye esta ermita, conocida hoy, también, con el nombre de Santo Estevo do Ermo: «...alia ecclesia Sancti Stephani Rippa Masme. Son las fechas del siglo X, igual que su vecina y homónima de Santo Estevo de Augas Santas o do Ermo, como popularmente se la conoce, con la que corre parecidas vicisitudes. ¿Tuvo algo que ver en la fundación de ambas la influencia pastoral de los monjes del monasterio San Martín de Esperautano, erigido en el año 775 por la fundación del rey Silo, o fueron estos algunos de los eremitas que el abad Esperauta quería agrupar en torno al monasterio y que tenía como copatrono a San Esteban y del que aun hoy se conserva en ese lugar una ermita dedicada a este santo? Sólo eso podría explicar satisfactoriamente la proliferación de tantos templos dedicados a la advocación este santo en esta comarca, como San Esteban de Augas Santas, San Esteban de Fórnea, San Esteban de Rececende, San Esteban de Trabada o el mismo San Esteban de Esperantón de A Graña, Obe. Este documento del siglo XI confirma la pertenencia de esta ermita a una familia privada, formada por el matrimonio Megitu Eríz y su esposa Geloira Alfónsiz, que en ese mismo año de 1078 la donan al abad de Lourenzá, don Gutierre, y a su monasterio. Se confirma, así, su pertenencia al monasterio de Lourenzá desde esa fecha. De su posterior destino no se tiene noticias. ya en otro documento de la Colección Diplomática Medieval do Arquivo da Catedral de Mondoñedo, del año 1124, por el que el rey Alfonso VII, junto con su madre doña Urraca, hace una composición entre el obispo de Mondoñedo  don Nuño Alfonso y su iglesia, por una parte, y el conde don Rodrigo Vélaz, por la otra, precisando las parroquias pertenecientes a uno y a otro, se cita la ermita de San Esteban de Pagá, junto con su vecina la de San Esteban de Aguas Santas, como pertenecientes a la sede episcopal de Mondoñedo:  «... Et infra ipsos terminos inter Euue et Masme deuenerunt in particione sedis sanctus Iacobus de Regnanti, sanctus Michael de Uillaplana sanctus Petrus de Uillaplana sanctus Cosmedi sanctus Uincencius de Couelas sancta Maria de Citofacta sanctus Iulianus de Cauarcus sanctus Iustus sancta Christina de Cellario et duas hermidas sanctus Stephanus de Pagadi et sanctus Stephanus de Aquis Sanctis» Y en un segundo documento de la misma Colección Diplomática, del año 1290, por el que se da traslado notarial de las Constituciones de la Catedral de Mondoñedo hechas por el obispo don Nuño II y el Cabildo catedralicio en el año 1262, se concede a la mesa capitular la ermita de San Esteban de Pagá: «... Damus etiam et concedimos eidem ecclesiam de Nendín pleno iure et hereditatem de Preguntorio que iacet in perochia sancti Petri de Uillaplana et casale de Outeiro et heremitagium sancti Stephani de Pagade cum pertinenciis et directuris que in dictis locis ad ecclesiam nostram spectant...». De los precedentes textos se deduce, pues, claramente no sólo la antigüedad de la ermita sino su pertenencia al Cabildo de la Catedral de Mondoñedo).

En Lourenzá el Mosteiro de San Adrao y el antiguo Mosteiro de San Fiz de Cazolga ou dos Macabeos. Por lo tanto el nombre propio de Bretoña no aparece documentado hasta el siglo XII. Es, pues, casi seguro que un simple error de interpretación llegara a convertirse en una tradición universalmente aceptada. 

La ausencia de jurisdicción territorial diocesana en una etapa en la que, con la desaparición en el año 675 del último obispo de la sede britona, Bela, hasta la aparición del obispo Sabarico I en San Martín de Mondoñedo en el año 866, la sede de Mindunieto se encuentra carente de actividad, siendo el mencionado monasterio de Esperautano, junto con todas sus iglesias las que continuarían con la labor de guía espiritual. La creación de eremitorios sería asunto notable y preocupante, a tener en cuenta por la iglesia y el poder. En este orden de cosas y en ese tiempo, el monarca Silo acude a Galicia a someter a estas poblaciones que quieren separarse del único poder político cohesionado existente hasta entonces. La unidad religiosa en el pequeño reino, que surgiera sin más fuerza que el resguardo de sus cumbres contra las invasiones que llegaban desde las tierras vencidas, era necesidad ineludible para la seguridad del territorio. De este modo habiendo llegado Silo al monasterio de Máximo para organizar sus negocios gallegos, y siendo elegido el abad Esperautano, se presentaron los presbíteros Pedro, Avito y Valentino a los que acompañaban dos conversos uno Lubino y otro Alante que debieron dejar aún hacía poco sus devociones eremíticas. En el curso de esta negociación a cambio de su apoyo en tierras lucenses, Esperautano abad pidió a don Silo que les concediera tierra en que poder fundar y mantener un monasterio para trabajar en común. El monarca asturiano se la entrega y la localiza entre los ríos Eo y Masma. De su primer abad, Esperauta o Esperautano, eran la misma cosa, como el mismo monasterio del que tomó el nombre, no se conoce el lugar de su origen, ni la antigua advocación. No obstante si tenemos en cuenta que el legislador eclesiástico atribuye justificación jurídica al lugar de donde alguien es originario, podemos lanzar la hipótesis que era originario del lugar de Speranti, en el lugar llamado Vita Speranti, en la ceca visigótica (Petra-Speranti), y que ante la llegada de los musulmanes, un grupo de monjes se refugiaron en la zona costera de Lugo y Asturias, donde las iglesias de los bretones estaban asentados. Los monjes que llenaban el Monasterio de Máximo se cuenta que llegaban a cientos. Y no cabe dudar de que don Silo, los favorecía en sus planes, y de este modo a los cinco años de donar sus tierras en las cercanías del Eo para la fundación por Esperautano, se procede a la fundación de un nuevo monasterio en el valle de Obona. (Adelgarter, que se dice hijo de Silo en Obona, funda en el mismo Obona otro Instituto de Monjes benedictinos). Fue en el año 780 cuando se realizó esta fundación, y sólo un año más tarde, en el año 781 aparece en Oviedo Fromestano con un puñado de monjes que ponen asimismo, los cimientos de lo que fue la ciudad de Oviedo. Y de la labor inmensa que los benedictinos realizaron en Asturias y Galicia, y que aún hoy tienen un testimonio elocuente como es la advocación de tantísimo lugares a San Martín de Tours, santo admirable que hicieron los monjes suyo, entre los que pueden citar San Martín de Mondoñedo, San Martín de Durmió, San Martín de Pesoz y otra de San Martín de Cornellana, existiendo también en Salas, también de San Martín; y hubo otro San Martín de Siero y otro de San Martín lo hubo en Collera y otro se asentó en Besulio y así como uno más en San Martín de Oscos. Los Patronos de Iglesias que se le encomendaron a este santo fueron numerosísimas también. Solamente entre el Miño y el Mondego se lo otorga o con mucho el primer rango como patrono de iglesia y ni de aún cede su nombre en estos casos ante el de Nuestra Señora. El rey Silo fundamenta en este acuerdo, (entre el poder político asturiano y estos monjes bretones), los pilares del incipiente reino asturiano y del desarrollo del mismo. Las primeras manifestaciones monacales y las incipientes feligresías, comenzarían a tomar cuerpo agrupando a los habitantes en pequeñas comunidades.

Pasado el tiempo y la destrucción del monasterio Esperautano, fue reconstruido este viejo monasterio por Alfonso II, su posterior destrucción pudo haber tenido lugar hacia el año 844, en la primera incursión de los vikingos. Su reconstrucción definitiva fue llevada a cabo por Ordoño II en tiempos del obispo-abad don Gonzalo. Si algún día se llevaran a cabo excavaciones en el entorno del actual templo de San Martín aparecerían, probablemente, restos del citado monasterio y, tal vez, del primitivo castro celta, sobre donde fue primitivamente construido. De hecho las excavaciones exploratorias que el arqueólogo  Chamoso llevó a cabo en San Martiño de Mondoñedo, sacaron a la luz diferentes restos y vestigios, como muros de cimentación, sarcófagos, piezas de tierra sigillata y monedas de bronce, vestigios todos ellos de otra época anterior que, en buena medida, este investigador situó en el siglo VI, lo que le llevó a afirmar que allí se levantaba el problemático monasterio de Máximo y que en la fachada occidental de la actual iglesia se habían reutilizado columnas y capiteles de mármol de época romano-tardía, más bien propios del siglo VI y, por tanto, suévica o visigótica. De esta teoría participan otros autores como Ramón Yzquierdo Perrín o Roberto Reigosa Méndez al afirmar que: “as excavacións que levaría a cabo no seu momento Chamoso Lamas no interior de basílica e no espacio que ocuparon os claustros amosaron restos claros de una comunidade de datas moi anteriores á chegada de San Rosendo”.

Debemos de tener en cuenta la actividad constructora de Alfonso II (791-842) “in Mendunieto, loco episcopali”, sabiendo como sabemos, en palabras del experto D. Izquierdo Perrín, que, en la exploración del templo que realizó durante la segunda mitad del siglo XIX y los estudios de D. Villa-Amil y Castro, aludieron a la existencia de elementos prerrománicos, y que también cita una cruz griega sobre la ventana de la fachada principal; y cómo después Castillo se percató de que algunas columnas de la portada tenían capiteles pre-románicos, de la iglesia primitiva y cómo Chamoso Lamas... incluye entre los restos prerrománicos la actual sacristía, antigua dependencia cuya arquitectura corresponde por despiezos y formas al siglo IX y s. X y que Núñez, por su parte se inclina por un edificio de nave única con accesos a los muros norte y sur añadiendo que : “conserva en el muro septentrional gran parte de la experiencia del s. X, unos vetustos vestigios que, sin indicio alguno, que no sea la mera especulación, se vienen atribuyendo ocasionalmente a san Rosendo (925-950 y 955-958)”.¿Por qué extrañarse entonces de la iniciativa del rey Casto?. Como fue con el reinado de Silo, ¿Acaso no sabemos que fue él quien erigió una modesta iglesia, la primera, en el “Locus Sancti Iacobi” ( templum ad tumulum sepulcri Apostoli, quod antiquitus construxerat diue memorie domnus Adefonsus ex petra et tellum, opere paruo, y que fue él quien construyó en Oviedo, entre otros, un templo dedicado a San Salvador, destinado también a sede catedralicia (el piadoso Príncipe Alfonso... edificó este templo en este lugar de Oviedo) del que nos hablan tanto el autor de la “Chronica Albeldensia” Construyó en Oviedo el admirable templo de San Salvador y los Doce Apóstoles, de  piedra y cal, y la iglesia de Santa María con sus tres altares. También erigió la basílica de San Tirso, admirable edificación, con numerosos ángulos;  y todas estas cosas del Señor las adornó con arcos y con columnas de mármol, y con oro y plata, con la mayor diligencia y, junto con los regios  palacios, las decoró con diversas pinturas como la mismísima “Adefonsi Tertii Chronica”, cuyo autor añade que además levantó bastante lejos del  palacio una iglesia en honor de los santos Julián y Basilisa, con dos altares de mucho arte y admirable disposición  , y que también construyó y mandó equipar los regios palacios, los baños, almacenes y toda clase de servicios. ¿Cómo negar, pues, la probabilidad de que fuese este rey constructor el que construyera una sede-monasterio “in loco Mendunieto”, sobre el solar del viejo monasterio “Máximo”?, dónde primeramente estuvo el Monasterio Máximo, posteriormente el de Esperauta y después el de san Martiño de Mondoñedo. (Mindunieto)

Y si, como es lo más probable, el monasterio de Máximo estuvo en Mindunieto, hoy San Martín, es lógico concluir que allí residiera el abad obispo Mailoc y no en Bretoña. A este destacado monasterio arribó el abad-obispo Mailoc en el siglo VI, acompañado de otros monjes britones, para continuar la misión que había establecido el emperador Máximo 200 años antes, que era combatir las creencias priscilianistas y convertir a sus seguidores al cristianismo de Roma y ahora también la doctrina de los arrianos introducida por los suevos. No quedaran testimonios documentales de un hecho históricamente tan importante como es el traslado de la sede de Bretoña a San Martiño de Mondoñedo (Monasterio Máximo). Cuando en el siglo XII, huyendo de los asaltos por mar de que era objeto la sede en San Martín, tuvo que refugiarse en el interior, se quedó en Vallibria en vez de regresar a su presunta primitiva ubicación en Bretoña, en donde estaría más protegida. Es por lo tanto lógico pensar que tras el abandono del monasterio Máximo y ante el gran número de eremitas en el s. VIII, el abad Esperauta quisiera fundar en ese mismo lugar, un monasterio para agrupar a los eremitas y aglutinar los territorios del obispado primitivo.

¿Cómo pensar, que Silo y los clérigos donatarios no conociesen también los lugares relevantes, y entre ellos la ubicación exacta de la vieja sede-monasterio britoniense destruida por los musulmanes tan sólo unos años antes?, ¿“in loco Mendunieto”?, ¿y dónde sino?,

La Iglesia ha sido siempre y será especialmente tradicional en lo que respecta a las sedes episcopales. Así podemos constatar como en el canon IV del “Concilio Toledo XII”, celebrado en 681, fueron leídos estos pasajes por su orden: En primer lugar un trozo de la carta de Pablo, donde manda a su discípulo Tito que establezca obispos en las ciudades; también el título octavo del concilio Niceno, en donde entre otras cosas se preceptúa que en una misma ciudad no haya dos obispos. Igualmente en concilio de Laodicea (Anatolia entre los años 363 y 364) el canon LVI dice: Que no conviene que se ordenen obispos por las aldeas y lugares, etc., también del concilio II de África el canon V, donde dice: Que el territorio que nunca tuvo obispo, que no lo tenga...por lo cual juzgó el concilio, que si alguno obrare en contra de los estatutos de los antepasados, sepa el que hubiese sido ordenado, que será privado del honor del episcopado. Preceptos obligatorios también en la vieja provincia de “Gallaecia”, y siempre con las mínimas e imprescindibles excepciones (imputables en todo caso a la propia monarquía, como consecuencia de las nuevas circunstancias políticas que ahora se vivían), según puede comprobarse en los dos obispados respectivamente creados “ex novo” en las sucesivas “sedes regias”: Oviedo (surgido a costa de la vieja diócesis oriental britoniense) y León (a costa de la diócesis oriental de la antiquísima Astorga); pues como norma, sólo allí donde había habido un sede episcopal anterior a la invasión musulmana, allí mismo es donde se volvieron a restaurar luego los mismos obispados (recuérdense los de Iria, Lugo, Astorga, Ourense, Tui, Oporto y Braga), y sólo allí donde había existido antes una sede-monasterio, allí mismo se volvió a poner de nuevo la mirada (según sabemos que ocurrió con Dumio). De modo que, no seremos nosotros, desde luego, quienes neguemos la probabilidad de que Silo y Alfonso II edificara sobre el solar del destruido monasterio “Máximo”, que anteriormente había sido el centro de la diócesis britoniense, y en el mismo Alfonso I en “loco Mendunieto”, la fábrica de una nueva sede-monasterio, (reconstruido este viejo monasterio por Alfonso II, su posterior destrucción pudo haber tenido lugar hacia el año 844, en la primera incursión de los vikingos. Su reconstrucción definitiva fue llevada a cabo por Ordoño II en tiempos del obispo-abad don Gonzalo), que muerto el monarca en 842, sin poder rematar al cabo su proyecto de restauración mindoniense, lo perfeccionara luego su sobrino Ordoño I, que comenzó a reinar tan sólo ocho años después, en 850, para acabarlo Ordoño II. ¿Por qué extrañarse, insistimos, de un proceso tan sencillo como natural, que además es básicamente el mismo que se produjo en otras restauraciones episcopales coterráneas. Precisamente en dicha diócesis de Mondoñedo tuvo y seguiría teniendo por esa época el obispado leonés, varias de las iglesias sitas entre los ríos Eo y Masma, a las que se alude (remontándose a los días de Ordoño I y Alfonso III) en una carta de Ordoño II del año 916, y a las que se relaciona en otra de Ramiro II del año 935 (Colección catedral de León, II, doc. 38, 56-58, y doc. 102, 166- 168).

La denominación de diócesis Britonense o Britanense, alternando con los títulos de Minduniense o Menduniense y Dumiense, perduraría aún algunos años más hasta que, fundidas las dos etnias en una sola, se adoptó el modelo romano de diócesis. Como resultado de la creación de las nuevas sedes, la ovetense y la leonesa, forjadas por la reconquista, parte del territorio oriental de la vieja diócesis britoniense que se extendía hasta el río Navia, pasó a la sede de Oviedo. En una Iglesia que ha sido siempre tradicional, especialmente en lo que respecta a la ubicación de las sedes episcopales, las nuevas diócesis surgidas de los territorios reconquistados al dominio de los musulmanes respetaron la costumbre general en vigor de volver a restablecer las sedes existentes en la época visigótica en el mismo lugar que tenían antes de la caída bajo el Islam, como se hizo en los demás sitios. Una práctica que explica y confirma la existencia de la primitiva sede britoniense en San Martín de Mondoñedo y no en Bretoña. La creación de la nueva diócesis de Oviedo en el año 812, que se hizo incorporándole el territorio del oeste de Asturias, que antes pertenecía a la sede britoniense, y una gran parte de la de Astorga, se debe al hecho de que era la capital del primer reino cristiano, Oviedo, exigía ser enaltecida con la creación de un obispado, llegando incluso a intentar más tarde convertirla en sede metropolitana a costa de Braga.

Los ejemplos pueden ampliarse mucho y con poco esfuerzo. De forma que, podemos hacernos esta pregunta. Cómo pensar que los cristianos de la Mariña lucense de mediados del siglo VIII, y especialmente los clérigos de esta comarca (conocemos el nombre de varios que vivían en 775: Petri prebiteri, Alanti conuersi, Lubini conuersi, Auiti presbitieri, Ualentini presbiteri, Sperauta aba, Florentius presbiteri, Seluatus presbiteri y Teodenandus conuersus) ignoraran el emplazamiento exacto del  viejo “locus episcopalis Britoniense”.

En este orden de cosas, y siguiendo el orden de los acontecimientos, se sabe que fue el mismo Ordoño I quien concedió por documento escrito, las iglesias que están entre el Eo  y Masma al lugar santo de Santa María de León  y al padre Frunimio I obispo legionense. Sabemos que tales iglesias fueron luego confirmadas por Alfonso III (866-910) al propio Frunumio I (854-874): Gloriosusque rex domnus Adefonsus idem (Sancte Marie, cuius baselica fundata esse dinoscitur infra muros Legionensis)  domno Frunimio (ecclesias que sunt inter Euue et Masma) ... per scripture concessit atque firmauit , y que después se las  volvió a dar a su sucesor Mauro (878-886: Per ordinatione et conlatione domnissimi et principis nostri domni Adefonsi nobis concessas fuerunt,  post    obitum domni Frunimi episcopi, ipsas ecclesias que sunt inter Hyube et Masema ) de quien dependía asimismo una inconcreta  plebe... Sancte Marie Tudense sedis, in Foro  (ayto. de Lorenzana), in Trasancos  (entre Ferrol, Narón y Valdoviño), in Palatio  (ayto. de Villaodrid)  uel in omne Gallecia.

Es seguro además que las repetidas iglesias situadas entre el Eo y el Masma fueron entregadas después por Ordoño II (914-924) al siguiente obispo leonés, Frunimio II (915-924) (testamentum regis domni Ordoni de ecclesias de Masma, in Galletia, circa Mendonieto), concretamente el 14 de diciembre de 916: Ego Ordonius... concedimus omnes ipsas ecclesias (que sunt inter Euue et Masma)... patri Frunimio episcopo, entre las cuales  se cita textualmente a Sancti Iohanni de Uallebria.

Y es seguro que hizo lo mismo Ramiro II (931-951) con el obispo Oveco legionense (927-950) el 3 de julio de 935: Ramiro, rey por designio de Dios... las iglesias que están entre el Eo y Masma... concedemos y confirmamos... ahora, al padre don Oveco, obispo, cuya lista constata: La iglesia de Santiago de Ramuli, el desaparecido San Martín de Esperautani (en Reinante, junto al mismo mar), Santiago de Latarici, Santa Eulalia de Ermulfi, San Esteban de Vitiscli, San Román de Gunti, Santiago de Seniorini (Señorín en Pastoriza),  Santiago de Gundemari, Santa Eulalia de Marzani   (junto a Foz),  San Juan de Visco, San Pedro de Alanti   (hoy Arante),  San Esteban de Recesvindi (Recesende, junto a Villameá), San Juan de Vallebria (próxima a la actual Mondoñedo),  Santiago de Nannino, San Esteban de Tabulata, Santa María de Tabulata  (la actual Trabada),  San Julián de Ilari, San Justo de Cabarcos (junto a Lorenzana),  San Andrés de Masma (también junto a Lorenzana), Santa María de Ferrarios, Santa María de Osorici; y las iglesias del presbítero Mateo: San Esteban y las de los Santos Cosme y Damián con toda su integridad, cuanto pertenece a dichas iglesias así como la plebe que habita dentro de sus términos.

Las iglesias concedidas por Ordoño I (850-866) a la sede leonesa, situadas entre el Eo y el Masma, vienen a respaldar, la sencilla noticia servida por el anónimo autor del “Chonicon Iriense” sobre la erección paralela de sendos obispados en Mondoñedo y León (duos episcopatus primitus eleuatos, scilicet Minduniensem et Legionensem), pues no podemos olvidar que esta última ciudad (convertida luego en “urbe regia”, desde 910) acababa de ser repoblada por Ordoño I en 856 ( in era DCCCLXLIIII populabit domnus Ordonius Legione), y que en consecuencia su sede episcopal no disponía todavía de una diócesis estable y segura que garantizase su desarrollo y su supervivencia.

Y aunque Ordoño I (850-866) no heredó la fama constructora de sus dos antecesores ovetenses, sabemos que se preocupó por restaurar las viejas sedes episcopales meridionales que decidió anexionarse (las ciudades de antiguo abandonadas, es decir, León, Astorga, Tuy y Amaya Patricia, las rodeó de muros, las puso altas puertas, y las llenó de gentes), y es también sabido que en la misma ciudad de León dentro de la fortificación había tres edificaciones que habían sido termas de los paganos y que fueron convertidas en palacio real en tiempos de los cristianos. Más el rey Ordoño... mandó... que el obispo Frunimio I  hiciera traslación entonces de la referida sede a dichas casas que eran palacio real. Con lo que, supuesta la destrucción del “loco Mendunieto” por los normandos (en 844) no es imposible, según se ve, que el monarca afrontara asimismo la reconstrucción del templo levantado pocos años antes por Alfonso II (+ 842), si es que había sido dañado.

              De forma que lo que podemos establecer, a la vista de todas las huellas históricas que enteceden, es: Que Alfonso II (791-842) levantó un nuevo monasterio en Mondoñedo (anterior a 842). Que Ordoño I (850-866) restituyó un obispo en Mondoñedo (posterior a 850). Que Rosendo I (857-896) es el primer obispo mindoniense conocido. Que Rosendo I ya aparece documento en 857 junto a Ordoño I. Que Ordoño I radicó a la sede leonesa en la diócesis mindoniense (posterior a 856). Que Rosendo I se documenta junto a Alfonso III (866-910) en 867 y 871. Que Alfonso III concedió Dumio a Rosendo I en 877. Que Rosendo I, teniendo Dumio, seguía residiendo en Mondoñedo en 883. Que Rosendo I era el obispo más veterano del reino en 893. Que Rosendo I tuvo por sucesor a Sabarico I (906-922 y 924). Que Ordoño II (911-924) confirmó Dumio a Sabarico en 911. – Que Ordoño II entregó tal vez Pruzos y Bezoucos a Sabarico I en 916 /921.

DETALLES EN EL DIPLOMA:

El propio diploma del rey Silo ofrece detalles sobre estos lugares en la repetida carta de 775: Un lugar de oración en nuestro cellario (Santa Cristina de Celeiro, Barreiros, almacén de grano, en muchos casos con significado de monasterio o lugar cercano al monasterio), que está entre el Eo y el Masma, entre el riachuelo Alesancia ( As Anzas) y el Mera (La primera mención es una copia del testamento del obispo Odoario del año 747, cando se cita a ecclesia sanctii iohannis de Mera. En otro discutido documento del año 897, el rey Afonso III confirma al obispo Recaredo y a la iglesia lucense muchos territorios, entre los cuales se mencionan las iglesias de "In mera eclesiam sancte eolalie alte, ecclesiam sancte marie que dicitur alta, et sanctum ioannem de mera cun familia". El P. Yepes cita un documento del año 985 donde fala de que el monasteiro de San Xoán, en el territorio que llaman Mera), lugar denominado Lucis (lugar de la donación, lugar de la luz, lugar sagrado, circulo sagrado elevado y rodeado de bosques. El antiguo pueblo situado en el lugar de los lucis, pudiera venir de los luaces, situados en Abadín, Concello de Pol, Trabada, Mondoñedo y Castroverde), que limita con la villa donde habitó nuestro colmenero Espasando (según Pascual Madoz en su obra Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España, “por el O. pasa el Rego de Espapante, sirviendo de límite entre Barreiros y Cillero. Lleva poca agua y se une a la indicada ría en el punto llamado Pozumouro. Lugar ocupado por un hombre libre”). Piago Negro (en San Julián de Sante, Trabada, o pudiera ser el llamado Pozo Mouro) , junto al monte denominado Faro (alto de Agrela, monte da lebre), Pedras Albas (en San Vicente de Cubelas) , lacus, lacuna, lagoa (monumento funerario, monumento megalítico) el villar denominado de Desiderio (villa ocupada por un hombre libre, que pagaba impuestos), el arroyo denominado Alesancia ( As Anzas Río Grande), otro mojón que está hincado en el monte sobre Tablada (Marco da Pena verde, Trabada), y la calzada que corta el límite hasta el lugar denominado Arcas (Construcción de carácter funerario, mámoas)  y el arroyo denominado Comasio (Monte Comado), con todas sus entradas y salidas( las vías o caminos y antiguas stratas como el llamado camino vello de Lourenza); y dos castros con todas sus prestaciones, montes, helechales, recintos amurallados que hay allí, y todo el ejido.

Fragmento del  libro Los caminos púrpuras. 

#loscaminospurpuras


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