Los francos bretones.
Todos
más o menos ya sabeis que los Bretones, fueron el nombre que designó a
un grupo étnico celta, el cual desde tiempos antiguos se localiza en
la región de Bretaña, en Francia. Según sus antecedentes históricos este
grupo emigro de las zonas del suroeste de Gran Bretaña estableciendo
desde la época su cultura y tradición típica. Se supone, que se
asentaron en el noroeste de la península ibérica durante los siglos V y
VI.
En
todos los textos actuales se describe su lugar de origen, en la
provincia romana de Britania, que se había vuelto crecientemente hostil
debido a las invasiones de los pictos, los escotos, y sobre todo de los
invasores germánicos. Todo ello les forzó a huir y buscar una nueva
patria más allá del mar. Los bretones hispanos se asentaron sobre todo
en el territorio de Galicia y la zona occidental de Asturias. Su
asimilación se llevó a cabo de una manera muy lenta y dejaron tras de sí
una huella en el folclore de este territorio.
Sim
embargo la historia esconde maravillosos secretos aún por resolver.
Viajando por las nieblas de la historia, hacia una época llamada oscura
las antiguas crónicas nos relatan el viaje de unos pueblos, liderados
por los jefes de los clanes, desde el norte galo.
Esta, que a continuación os relato, es su increible historia...
Es
el tiempo de las leyendas y de las runas. De lo céltico y de los
pasajes que se esconden en una misteriosa niebla. En los albores de la
Edad Media existió un pueblo que según historiadores había descendido
desde el Rin inferior a través de oleadas sucesivas, estableciéndose en
las tierras que encontraban si las condiciones del terreno eran
propicias, generalmente a lo largo de los valles, generalmente agrupados
por centenas, como en el combate, en pueblos construidos en longitud, y
cuya denominación con desinencia ingus, era fiel a la tradición
germánica; ese pueblo fue llamado, los Francos. De esta manera se habían
establecido en Aquitania, y en las tierras que habían pertenecido a los
Visigodos, en el suelo virgen de los bosques y en puertos cercanos al
mar. Cuentan las crónicas que al parecer fueron prolijos en su
descendencia, preocupándose de no expoliar a los galo romanos, con los
que tenían muy buenas relaciones y continuamente realizaban viajes fuera
de la región, en busca de nuevos lugares para asentarse. Y como ciertas
civitates de Aquitania fueron prohibidas a la conolización y en otras
la inmigración estuvo limitada, en virtud de acuerdos con los herederos
de Clodoveo, o con los obispos gogernadores de las civitates, fueron
tentados de buscar en otras latitudes un lugar donde asentarse. En este
caso se dirigieron hacia Hispania, junto al hijo de Clodoveo, donde los
suevos arrianos y visigodos ocupaban una parte. En su pensamiento
pudiera haber estado la idea de que el pueblo hispano romano católico
les aceptarían de buen grado, aceptándoles casi como liberadores, como
sucedió con los galoromanos en Aquitania. Así bajo el liderazgo de unos
jefes de clanes o reyezulos independientes unos de otros, comenzaron a
descender el Somport (Puerto de montaña de los Pirineos. Es el único
paso de montaña de los Pirineos Centrales que suele ser accesible todo
el año, salvo condiciones de nieve excepcionales. Hay constancia del uso
permanente de este paso de montaña desde la época romana, cuando fue
construida una calzada conocida como Vía Tolosana. Actualmente, se han
encontrado evidencias de que esta fue la vía utilizada por los pueblos
bárbaros de los vándalos, alanos y suevos, así como por visigodos más
tarde, para entrar en la península ibérica, durante la caída del Imperio
Romano de Occidente, a comienzos del siglo V. Del mismo modo, fue
utilizado durante el siglo VIII por las huestes musulmanas en su intento
de conquistar el reino Franco), irrumpiendo en el valle del Ebro en el
año 542. Viendo que las puertas de Zaragoza permanecieron cerradas la
sitiaron. Los cronistas de la época relatan el gran numero de familias
que avanzando por las tierras devastaban la Tarraconensis. Según algunos
autores como Isidoro de Sevilla escriben que los visigogos logran
neutralizar este avance y otros como Gregorio de Tours, les hacen
regresar a la Galia, con un gran botín. Sin embargo no todos los líderes
se quedan en Zaragoza, otros continuaron su descenso hacia la meseta
utilizando las vías romanas que partiendo de Zaragoza, llegaba hasta
Segovia, por Turiaso y Uxama. Otra ofrecida por la naturaleza era la que
comunicaba con las cuencas del Ebro con el Duero por los valles de
Tirón y del Arlanzón. La orografía les permitio avanzar sin encontrar
oponentes como los visigodos atrincherados en la meseta, y los cántabros
o suevos. La crónica de Albelda, compilación redactada hacia el año
885, por un clérigo posiblemente toledano, termina las pocas líneas que
describen la invasión franca del 542, con estas palabras:
“Theudisclus…Francorum reges, infra Spanias usque nimium progresos
superávit”. Este hecho parece suponer que este pueblo pudo llegar hasta
el Miño. Sobre este supuesto no se han encontrado aún vestigios que
puedan afirmar tales afirmaciones, no encontrándose nuevos documentos
que narren el periplo que ralizó esas gentes liderados por jefes de
clanes, no obstante la toponímia es un fiel recuerdo del tiempo y de las
gens.
En
este caso vamos a vigilar algunos lugares con atención, para encontrar
en ellas las huellas de este pueblo. Francos, Franco, Francelos, se
remontan a los primeros siglos de la Edad Media. A priori se pueden
relacionar los topónimos con invasiones del s. III y s.IV o al final de
la Edad Media, ya que se sabe, que el rey Childeverto I (hijo de
Clodoveo I) realizó varias expediciones contra los visigodos en España.
Más concretamente en el año 542, como dicen las crónicas de Albelda, se
apropió de Pamplona con ayuda de Clotario. Posteriormente cercó la
ciudad de Zaragoza, pero según las crónicas, fue obligado a retirarse.
(La expedición estaba formada por Childeverto I junto con su hermano
Clotario y tres hijos de éste, y como consecuencia de su enfrentamiento
con el rey visigodo Teudis, preparó una expedición contra Zaragoza. Ésta
fue sometida a sitio por vez primera y durante 49 días). De esta
expedición llevó a París, una preciosa reliquia, la túnica de San
Vicente, y en su honor mandó construir a las puertas de París, el famoso
monasterio de San Vicente. (Según la versión de San Isidoro, después de
vencerlos, les permitió, a cambio de una fuerte suma que se le ofrecía,
retirarse en el plazo de un día y una noche y Según Gregorio de Tours,
los francos levantaron el asedio voluntariamente al serles entregada la
túnica del mártir Vicente, que los habitantes exhibían dando vueltas a
sus murallas). Al observar estos topónimos uno queda sorprendido en la
forma y como su conjunto, se presenta sobre el mapa. Todos ellos están
situados en el norte y oeste de la península, formando primero una
franja poco nutrida partiendo de la cuenca superior del Ebro, corriendo
por las altas mesetas de Castilla, hasta el curso superior del Tajo, en
la Beira portuguesa, y desde allí, recorre en línea recta hacia el
norte, al mar Cantábrico. (Vía de la plata). En Galicia acaban estos
lugares donde se encuentra numerosísimos topónimos, encontrándose la
mayor parte de ellos entre Lugo y la ría del Eo. Únicamente en el valle
del Miño se pueden encontrar hasta veintidós Francos o Francelos,
alineados perpendicularmente a los caminos que conducían de Roncesvalles
a Compostela. Los restos de estos nombres generalmente están situados
en valles fértiles con tierras de cultivo.
Lugares como Guardia de
Francos, en la desembocadura del Miño, o Vilardefrancos, en la provincia
Segoviana donde se encuentra la población de Lovingos, también en la
provincia de Aveiro, donde si buscamos en documentos medievales
encontramos una villa llamada Stamingus, siendo posteriormente conocida
como Tamengos, en la costa asturiana se encuentra el Concejo del Franco,
en Calatallud, en la provincia de Zaragoza se encuentra la iglesia de
San Pedro de los Francos, en la provincia de Ourense se encuentra la
población de Francelos, en el municipio de Braganza en Portugal se
encuentra la freguesia de Franca, al sur de la provincia de Salamanca se
encuentra la Sierra de Francia y muy cerca la población de Nava de
Francia y el santuario de la Peña de Francia, en Lugo se encuentra una
parroquia llamada Francos con iglesia de nombre Santiago de Francos y
donde a la entrada, se encuentra un cruceiro llamado cruz de Francos,
muy próximo al concello de Guimarás en Lugo, se encuentra la parroquia
de Francos, y una ermita llamada Santa María de Francos. Otro lugar es
Vilar de Francos, también en la provincia de Lugo, entre San Cibrao y
Castrodelo. Próximo al monasterio de Obona, en el Concejo de Tineo, en
Asturias, se encuentra la población llamada Francos. Según el Parochiale
suevum del año 569 (Parroquial Suevo) a la sede asturicense pertenece
Francelos...A Idaña, toda la Egitania (Idanha) municipio, Francos.
También encontramos la mención de la parroquia de Francos, en la
diócesis de Idanha (Beira), entre los años 550 y 580. En la parroquia de
Bretoña, en a Pastoriza, donde presumiblemente se fundó el monasterio
Máximo por los bretones, se encuentra un barrio llamado Francos. Esta
parroquiade Bretoña fue la antigua sede episcopal Britoniensis, capital
de un obispado cuyo origen parece remontarse a finales del siglo V,
momento en el que se establece la primera fundación de la Iglesia
céltico-cristiana en Galicia. Esta parroquia de Bretoña fue la antigua
sede episcopal Britoniensis, capital de un obispado cuyo origen parece
remontarse a finales del siglo V, momento en el que se establece la
primera fundación de la Iglesia céltico-cristiana en Galicia. Como ya
sabes, una buena parte del contingente de emigrantes francos o
bretones, alcanzaron el Noroeste peninsular, instalándose en la zona
montañosa que va desde Ferrol hasta Asturias. Algunos de ellos
penetraron por la hoz marítima de Foz y del valle del Masma,
sobrepasando los montes que limitaban con el actual municipio de A
Pastoriza con el de Mondoñedo, para asentarse finalmente en una amplia
llanura de pastos y de tierras de cultivos, que a partir de entonces fue
conocida como Britonia. De esta manera, en un territorio amplio y poco
poblado se establecieron los fugitivos, instalando su Monasterium
Maxime. La invasión musulmana del siglo VII, que concentró en Bretoña a
numerosos obispos y jerarquías huidas ocasionó finalmente la destrucción
de este centro y la huída de la población superviviente hacia el Norte
(San Martiño de Mondoñedo y Oviedo, donde Alfonso II estableció a partir
de entonces la sede episcopal).
Todos estos rincones, sin duda, son testigos mudos del paso de este pueblo por estos lugares.
A
raíz de todo lo leído, parece razonable pensar que este nutrido grupo
de gentes, se mezclaron con los nacionales, no siendo para el reino
suevo un peligro en su permenencia. Al contrario, quizás fueran los
própios monarcas suevos los que hubieran persuadido a establecerse en
las desembocaduras de los ríos, o en zonas de pasto y cultivo,
estableciendo formalmente así, las condiciones de permanencia bajo algún
acuerdo tácito. No hay nada seguro, pero lo que si sabemos, es que no
existen en las crónicas medievales de ese tiempo ni en las posteriores,
ningún episodio que relate hostilidades hacia ese pueblo, de haber
habido alguna, lo hubieran reflejado en las crónicas. Es posible pensar
que algún príncipe franco, tuvo tener influencias con los monarcas
suevos, y estos pudieron haberse visto inclinados a convertirse al
cristianismo bajo las influencias de estas gentes. Para que el rey
Chararico pidiera la intercesión de Martín de Tours para la curación de
su hijo, fue preciso que los méritos y el poder de este santo le
hubiesen sido alabados con una intención política de alguien que era
conocedor de ello. Cuando la conversión fue un hecho, el monje, que
después fue llamado San Martín de Braga, vino de las Galias con una
embajada, gracias a la cual se establecieron lazos estrechos y
permanentes entre los estados francos y el reino suevo, que veía cada
vez más próxima la amenaza visigotica. La crónica de Fredegario (crónica
franca del siglo VII) relata en una de sus partes, la llegada al trono
de Sisebuto, este había luchado contra los ejércitos del emperador
romano y sometido la Cantabria que los Francos habían poseído antes que
el reino visigodo, hacia el final del s. VI, entendiendo la Cantabria,
no solamente por la región contigua a Vasconia, sino por toda la franja
montañosa de la cordillera Cantábrica, una vez atravesado los Pirineos
hasta la actual Galicia. Como pista sobre estas hipótesis, puedo
indicarte la existencia de una carta que Fortunato dirige a Justino II
(emperador bizantino del 565-578), haciendo alusión de la estrecha
dependencia que había en toda la costa septentrional de Hipania respecto
a Bizancio. Así también felicita al monarca por haber comenzado su
reinado convocando el Concílio de Caledonia, de lo cual ha tenido
conocimiento Galicia, lo mismo que el Cántabro y el Vascón.
Este
pueblo que jamás asumió un poder político, que constituia una minoría,
según ciertos topónimos de lugares, parece que vivió un tanto alejado de
las masas autóctonas y tardó tiempo en ser asimilados, debido quizás, a
tener otra lengua y otras costumbres. Sin lugar a dudas solamente
aspiraron a vivir con sus costumbres, sin preocuparse en absoluto del
juego político austrásico en suelo Hispano. Es por tanto, que en los
territorios que fueron ocupados por estas gentes, se puede estar seguro
que jamas tuvieron inclinaciones políticas nacionales, realizando una
profunda aportación cultural y económica en la sociedad de aquella
época. Los orígenes de este pueblo, entre pastoral y agrícola que se
infiltraron pacíficamente en la sociedad sueva, están ocultos bajo la
niebla del tiempo, y solo nos han dejado pequeños retales de su vida,
pasando casi inadvertidos, deslizándose entre las mallas de la historia.
Los
sucesos históricos como bien sabes, en ocasiones se visten de leyenda,
pero debemos viajar entre las nieblas de la historia y comprobar lo que
la verdad nos cuenta entre líneas.
Esta y otras historias las encontrarás en el nuevo libro: Los caminos púrpuras.
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