O CORPO SANTO. UNA TUMBA BRETONA EN BARREIROS.

 

O CORPO SANTO

LOS BRITANOS:
La ausencia de inscripciones o de cualquier recuerdo de la lengua usada por los britanos hace difícil poder estudiar su asentamiento en la península Ibérica con exactitud. De lo que no hay duda es de su localización en Galicia, entre Ferrol y el río Navia, con la sede central de su espiritualidad en la parroquia de Santa María de Bretoña, en el municipio de Pastoriza de la provincia de Lugo, posiblemente precursora de la iglesia de San Martiño de Mondoñedo. Sin embargo encontramos en el libro parroquial suevo, el asentamiento de los britanos en la península Ibérica, que podría extenderse entre el monasterio de Máximo, en el norte de Galicia, y la zona de Asturias:
«Ad sedem Britanorum ecclesias que sunt intro Britones una cum monasterio Maximi et que in Asturiis sunt».
La leyenda cuenta que Maeloc era el líder de los britanos que se instalaron en Galicia huyendo de las invasiones germánicas en el siglo VI. Este poseía una piedra preciosa de color azul con poderes sobrenaturales, que, a su muerte, fue depositada en un cofre de oro macizo y enterrada a gran profundidad entre las montañas de Cornería y Penabor, en el concello de Barreiros.
Por los textos antiguos, sabemos que todos los pueblos tenían un apego especial por las rocas duras y brillantes. Desde la prehistoria fueron valoradas como objetos de culto, además de ser utilizadas como utensilios para sus labores. Es el caso de la cuarcita, la cual suele aparecer en forma de cristal blanco, aunque también aparece en color verdoso, rojizo y azulado o grisáceo. La rasa cantábrica es rica en este mineral de una gran dureza, solo superado por el diamante. Se sabe que las tribus antiguas elegían los lugares donde abundaba el cuarzo, como sagrados., asi también los pueblos germánicos que invadieron la Gallaecia, escogía para la coronación de sus reyes, lugares donde el cuarzo o el granito fueran abundantes. Todos los pueblos nórdicos veneraban a las piedras singulares, por creer en sus propiedades, como se puede comprobar en la ceremonia de las runas.
Dejando a un lado las leyendas, la figura de Maeloc existió realmente y participó, representando a la diócesis de Britonia, en los concilios de Braga en 561 y 572. Parte de la historiografía ha llevado la llegada de los britanos a Galicia a la segunda mitad del siglo VI, tomando como referencia las fechas de los concilios de Braga y la figura de Maeloc. El origen celta de Britania y la figura histórica del obispo Maeloc son indiscutibles, lo que genera más dudas entre los historiadores es el tipo de relación que existía entre los britanos de Galicia y los que se instalaron en la provincia romana de la Armórica (Galia).
Maeloc es indudablemente un nombre de origen celta. Aparece citado en las actas del Concilio de Braga del 561, quizás con el nombre de Maliosus. La asamblea de Braga había reunido ese año a los obispos de la provincia de Gallaecia por mandato del rey suevo Ariamiro, con la participación de un total de ocho obispos: «Lucretius, Andreas, Martinus, Cotus, Ildericus, Lucetius, Thimoteus, Maliosus».
En el II Concilio de Braga, celebrado once años después por mandato del rey suevo Miro, se habían producido modificaciones en la organización eclesiástica y asistieron los metropolitanos de Braga y Lugo acompañados de los obispos de doce sedes; entre los asistentes también estaba Maeloc, citado por las crónicas como «Mahiloc Britonensis», representando la diócesis de Britonia.
Malo: Nombre masculino. De la antigua "marcha" bretona, la garantía, y "luh", la luz. Nacido en el país de Gales alrededor de 570, Saint Malo se estableció en Alet (hoy Saint-Servan), donde más tarde se convirtió en obispo. La ubicación de su tumba la sitúan en una península rocosa cerca de Alet.
Fue uno de los siete santos fundadores de la Bretaña. Fueron siete los santos católicos que llegaron en los siglos V y VI en el momento de la emigración bretona a Armórica.
Saint Malo esta situada en la costa de la antigua Armórica, el país de los coriosolites, según Julio cesar. Saint Maló (Maló) viene de San Maclovio o San Maclovius, un santo galés, que fundó un monasterio en este lugar. Sí hay algo que define, moldea y da identidad a Saint-Malo es el mar. La ciudad se creó por y para el mar, usando los vaivenes de las mareas para marcar su ritmo de vida. La fortuna que permitió su desarrollo vino, principalmente, de los armadores, navegantes… y corsarios.
La ciudad asemeja el casco de un barco encallado en la desembocadura del río Rance. Un casco de piedra, imponente, erguido con majestuosidad sobre el dorado de sus playas. Porque si algo le sobra a Saint-Malo son kilómetros de playa y kilómetros de muralla en perfecto estado. Siempre hay un rincón desde el cual observar el horizonte en soledad y con ensoñación, siempre un rato para callejear por su estrecho entramado medieval.
Saint- Maló es una ciudad que mira al mar, al más allá y a la aventura. Desde el siglo XVI, St. Maló es un puerto mundial y fue el primer puerto comercial del reino. Su riqueza reposaba en la pesca en Terranova, la exportación de tela de lino de Bretaña y el comercio con España.
En el lugar se encuentran rincones como el Sendero de los Aduaneros, El paseo de la Cornisa, Isla de Batz, el paseo de bosques encantados, y el cercano Monte Saint Michel.
El paralelismo constante entre los nombres de provincias de la antigua Armórica y los lugares bretones en Galicia y en el norte de España se suceden con insistencia, debido al traslado de costumbres de este pueblo que era céltico y que aún mezclándose entre los nativos, consiguieron seguir manteniendo sus ritos y costumbres durante cierto tiempo como ya hemos visto en el desarrollo de los concilios.
Costumbres como llamar a rincones como, los lugares de caballeros, o rutas de los monjes, o paseo de los abades sugieren referencias ancestrales a este tipo de costumbre tan arraigada en la costa francesa.
Barreiros, como tantos otros lugares, no escapa a esa tradición.
La relación entre el mundo celta de Galicia y los habitantes de la Armórica e Irlanda es evidente y existen múltiples ejemplos de ella. Los investigadores han encontrado paralelismos entre los castros gallegos y los poblados fortificados de Cornualles, y algunos defienden la teoría de que la cultura megalítica llegó a Irlanda procedente de la península Ibérica. Leyendas como la de Maeloc o la Piedra del Destino y los lugares mágicos antes citados, no hacen más que seguir reforzando los vínculos culturales entre estos territorios. Este hecho nos afirma que los monjes britones, se asentaron en algún castro costero de los que abundaban a lo largo del litoral cantábrico.
Los primeros lazos comerciales que se trazaron entre españoles y bretones estuvieron ligados a la frecuencia de las peregrinaciones bretonas a España. Esto que comenzó siendo un intercambio limitado e irregular alrededor de la peregrinación, se transformó en relación comercial intensa entre Bretaña y las Vascongadas, Asturias y Galicia siguiendo posteriormente, la ruta del vino que tenía a Bayona, Burdeos y San Sebastián como centros de intercambio, según testimonian las ordenanzas de Bilbao que citan a las naves bretonas entre las primeras y más numerosas entre las flotas extranjeras que llegaban a este lugar.
Posteriormente, al interés marítimo y comercial de estas flotas de comunicación e intercambio se unió la peregrinación a Santiago de Compostela, la cual fue un instrumento muy importante para el establecimiento de las relaciones entre Bretaña y los puertos vascos y gallegos, según lo confirman los expertos Mathorez y Couffon. Según los estudiosos Jeulin y Ferreira Priegue, las relaciones entre los vascos y los bretones lo mismo que los tratados de comercio que se firmaron entre Nantes y Bilbao estaban condicionadas por las peregrinaciones bretonas a Compostela.
EL DESCUBRIMIENTO:
En abril de 2014, un vecino de Ribadeo se puso en contacto con la asociación Mariña Patrimonio. El hombre parecía haber encontrado una tumba labrada en la roca. La roca había sido tallada por la mano del hombre. Y el objeto de examen, era con total seguridad, una tumba medieval. Probablemente relacionada con la antigua y cercana capilla de San Bartolo.
Otro dato publicado en los medios que destacan los arqueólogos, es la orientación este-oeste de la tumba. Dicha orientación, coincide con la tradición reconocida de la época, de alinear los cuerpos entre la salida y la puesta del sol.
En documentos antiguos, se cita la presencia en esta misma época y lugar del “Corpo Santo(Corpo Santo es un nombre que aparece documentado en toda Galicia y que hace referencia a este de tipo de enterramientos da la Edad Media. Muy posiblemente relacionado con tradiciones y rituales afines a este sepulcro). El sepulcro se encuentra en una zona de la playa “coto”, muy próxima a la capilla de San Bartolo, lo que hay la posibilidad de una cierta conexión con el lugar de ceremonias y un antiguo castro costero. Los arqueólogos consultados coincidieron en señalar que, efectivamente, la piedra había sido labrada por la mano del hombre y descartaron "totalmente la posibilidad de que se trate de una oquedad natural" en la roca.
La tumba tiene unas dimensiones de 1,60 metros de largo y entre 40 y 50 centímetros de ancho, que "coinciden con las medidas habituales de este tipo de sepulturas".
LA LEYENDA:
La leyenda que dice que San Bartolo fue a Barreiros en un barco de piedra sin remo y sin vela. Son muchos los lugares en el norte en donde las leyendas de santos fundadores nos relatan la venida de bretones.
La relación entre el mito de los barcos de piedra y la cultura jacobea ofrece otros ejemplos. Diversos estudiosos se han referido a las líneas invisibles que unen la tradición jacobea y la de San Andrés de Teixido, en el norte de la costa coruñesa. Uno de esos nexos pasa por la leyenda que sostiene que San Andrés, uno de los cuatro discípulos predilectos de Jesús, como el propio Santiago, San Pedro y San Juan, llegó a la rocosa costa del santuario en un barco de piedra. El imaginario popular vio en los acantilados de San Andrés los restos de la pétrea nave del santo. Y este santuario se convirtió, junto con el Muxía, en el gran espacio mítico-devocional del noroeste español. Otros como San Xoan de Mixarela, las piedras curativas, las piedras fertilizantes son otros muchos de los testimonios de estas culturas transoceánicas.
En el origen remoto de todas estas tradiciones populares tan arraigadas -de la que pervive algún ejemplo más- estaría uno de los mitos de la cultura universal, que relaciona la muerte con el viaje que debe realizar el espíritu del fallecido al más allá. En muchas culturas este mito se representaba como un viaje en barco.
Antiguas leyendas celtas hablan de como algunos hombres (Bran, Maelduinn) habían surcado el mar con barcos de piedra. También se decía que los evangelizadores irlandeses (Samson y Suliac) llegaron a Armórica en el siglo VI de ese modo. 
El tiempo es sabio conocedor de lo que se vivió en esa época y fracciona con paciencia los datos que vamos conociendo entre la niebla de la historia.
¿Puede haber una relación entre la tumba pétrea en el lugar de Corpo Santo en O Coto y los santos bretones?
Sin duda alguna, si¡¡¡¡
El tiempo, las pistas y la cultura de un pueblo que en silencio cambió muchas de nuestras costumbres y cultura, se descubre ahora con la misma levedad con la que se fue diluyendo entre la niebla del tiempo siglos atrás.







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